La crucial negociación para definir el salario mínimo de 2026 ha entrado en una fase decisiva, marcada por el inicio formal del cruce de argumentos entre el Gobierno nacional, los gremios empresariales y las centrales obreras. Aunque el cronograma oficial del Ministerio de Trabajo señaló este martes 9 de diciembre como el “día del destape”, la jornada concluyó sin el anuncio formal de las cifras de aumento, manteniendo en vilo a millones de colombianos.
En efecto, tras una reunión de cuatro horas en la Mesa de Concertación Laboral y Salarial, el ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, confirmó que, si bien se discutieron los puntos de vista de cada sector, ninguna de las partes reveló formalmente su propuesta porcentual de incremento. Este aplazamiento estratégico añade tensión a un debate que tiene como fecha límite el 15 de diciembre para lograr un acuerdo.
El Pulso Político y Económico de la Concertación
La discusión del salario mínimo 2026 no es solo un asunto económico, sino también un campo de batalla político. Las expectativas son altas, especialmente después de que el presidente Gustavo Petro interviniera en el debate, e incluso se mencionara la posibilidad de un salario mínimo de $1.800.000, una cifra que superaría con creces los cálculos técnicos.
El Ejecutivo, aunque ha optado por no revelar públicamente una cifra inicial, está trabajando activamente. El ministro Sanguino fue enfático al señalar que el Gobierno maneja “varios escenarios de incremento salarial” que serán presentados y consultados directamente con el presidente Petro esta misma semana.
“Será él quien tenga la última palabra de la propuesta que podamos eventualmente traer a la Comisión de Concertación”, señaló el ministro de Trabajo.
La estrategia del Gobierno parece ser la de reservarse su carta hasta que las posiciones de empresarios y trabajadores se clarifiquen. Este movimiento táctico busca utilizar la propuesta gubernamental como herramienta para acercar las partes cuando la distancia sea evidente, facilitando la concertación.
La Lógica de los Empresarios: Inflación y Productividad como Límite
Del lado empresarial, la cautela domina. La estrategia principal, reconocida por el propio ministro, ha sido esperar a que las centrales obreras revelen su propuesta antes de “destapar sus cartas”.
Menos del 7% y la Sensibilidad de las Pymes
Los gremios empresariales insisten en que el ajuste del salario mínimo debe adherirse estrictamente a la fórmula técnica tradicional, que considera la inflación causada, la inflación esperada y el índice de productividad.
Según el DANE, la inflación anual a noviembre se situó en 5,30%. Dado que el índice de productividad no alcanza el 1%, los empresarios, especialmente los de gremios como Acopi (que representan a las pequeñas y medianas empresas), consideran inviable un incremento superior al 7%. Un aumento muy elevado, advierten, podría generar riesgos significativos para la sostenibilidad del empleo formal y, paradójicamente, impulsar la informalidad laboral. Esta postura técnica es la base de la propuesta empresarial.
El Clamor de los Trabajadores: Aumento de Dos Dígitos para Recuperar Poder Adquisitivo
En el otro extremo de la mesa se encuentran las centrales obreras, que llegan a la semana decisiva con la firme intención de exigir un aumento del salario mínimo para 2026 que sea de dos dígitos. Este sector argumenta la necesidad imperiosa de recuperar el poder adquisitivo que, aseguran, se ha perdido en los últimos años debido a la alta inflación y el constante aumento del costo de vida.
La propuesta porcentual definitiva de los sindicatos se espera sea formalizada en las próximas horas, después de un breve receso en la mesa de concertación. La expectativa es alta, pues un aumento de dos dígitos chocaría directamente con el límite técnico que manejan los empresarios.
La Tensión Previa al Choque de Cifras
El hecho de que el “día del destape” concluyera sin cifras oficiales subraya la complejidad y el margen de desacuerdo inicial. Los analistas coinciden en que esta dilación es una táctica de negociación: el Gobierno espera acercar las partes con sus “escenarios”, los sindicatos buscan un alza significativa para sus bases, y los empresarios se atrincheran en las cifras de inflación y productividad para proteger la economía y el empleo.
Este proceso impacta directamente en la planeación financiera de las empresas y en el bolsillo de más de dos millones y medio de trabajadores que devengan el salario mínimo, además de afectar otros bienes y servicios indexados a este valor. La lentitud en la revelación de la propuesta genera incertidumbre en el mercado.
La Cuenta Regresiva al 15 de Diciembre
La Mesa de Concertación Laboral y Salarial está oficialmente en cuenta regresiva. Con solo unos días restantes hasta el límite del 15 de diciembre, la presión aumenta para que las partes abandonen la táctica de la espera y pongan sus propuestas sobre la mesa.
Lo que viene a continuación es un inevitable choque de cifras: un aumento de dos dígitos que buscan los trabajadores versus el límite técnico cercano al 7% que defienden los empresarios. El Gobierno jugará un papel fundamental como mediador, buscando una fórmula que sea socialmente justa y económicamente viable. La concertación no será fácil, pero la obligación de llegar a un acuerdo antes del plazo o, en su defecto, que el Gobierno fije el aumento por decreto, garantiza que el pulso por el salario mínimo 2026 se intensificará a diario





